40) Las tensiones creativas de la revoluciónLAS TENSIONES CREATIVAS DE LA REVOLUCIÓN
La quinta fase del Proceso de Cambio
Álvaro García Linera

http://www.rebelion.org/docs/134332.pdf

“Las revoluciones avanzan, se detienen, retroceden, vuelven a avanzar para caerse y volver a avanzar, a veces sin saber bien cuál es el siguiente paso. Ellas inventan a cada rato su itinerario”.
¿COMO CABALGAR LAS CONTRADICCIONES?

Intervención de Álvaro García Linera en el Foro Internacional de Filosofía

Durante los últimos cinco años se han comenzado a demoler los mecanismos racializados de las decisiones estatales que marginaban a las mayorías indígenas. Hoy, como nunca en la historia, indígenas y mestizos compartimos las decisiones del Estado y tenemos las mismas oportunidades en la gestión pública. En cinco años se ha derrotado al neoliberalismo recuperando el control social y estatal de la riqueza pública anteriormente enajenada a manos privadas extranjeras.

Hoy, no hay en el horizonte una propuesta alternativa al de la plurinacionalidad descolonizadora que consolida una única nación estatal, en la que conviven múltiples naciones culturales y pueblos. No hay otra opción de democratización superior del Estado que no sea la del reconocimiento de múltiples formas plurales de democracia (directa, representativa, comunitaria) y de desconcentración territorial autonómica del poder.

Pero estos logros de una revolución democrática y cultural no implican que las tensiones, las diferencias internas, las contradicciones y las luchas hayan desaparecido.

En términos del ciclo largo de la época iniciada el año 2000, el contenido y movimiento de estas contradicciones fueron propias de una nueva fase, la quinta, claramente diferenciada de las tensiones y luchas que caracterizaron las fases anteriores.

Primeras fases. La primera fase de esta época se inició con la Guerra del Agua, el año 2000. Esta primera fase del ciclo revolucionario la hemos denominado el del develamiento de la crisis de Estado neoliberal.

La segunda fase estuvo marcada por las sublevaciones de septiembre-octubre del 2003 y la derrota del viejo sistema de partidos por parte de un nuevo bloque político popular emergente. Inició el “empate catastrófico”.

La tercera fase aconteció con la sublevación política democrática de las elecciones que llevaron a la Presidencia al primer presidente indígena y campesino de nuestra historia, Evo Morales. El bloque popular tomó el gobierno, pero no el poder. Esta fase se inició el 22 de enero del 2006.

La cuarta fase fue la que denominamos en otros artículos como punto de bifurcación. Una oposición retrógrada y fascista intentó desplazar al Gobierno mediante un golpe de Estado urdido desde las regiones del oriente. Esto dio lugar a un contragolpe movilizado del pueblo. El golpismo fue vencido y dio paso a una cadena de victorias políticas que terminaron afianzando el proceso revolucionario.

Quinta. Esta victoria cerró la cuarta etapa de la época revolucionaria y dio inicio a la quinta , que estuvo marcada por la presencia de contradicciones dentro del bloque nacional-popular, por tensiones entre los propios sectores que protagonizaron el proceso, y se dieron en torno a cómo llevar adelante el proceso. Se trata, por tanto, de contradicciones no sólo secundarias, sino creativas, pueden ayudar a motorizar el curso de la revolución.

Primera tensión. Relación entre Estado y movimientos sociales. La primera de estas tensiones creativas, y que está siendo resuelta mediante el debate democrático, es la que refiere a la relación entre Estado-movimiento social. El Estado es por definición concentración de decisiones, monopolio sobre la coerción, la administración de lo publico-estatal y las ideas-fuerza que articulan a una sociedad. En cambio, el movimiento social y las organizaciones sociales son por definición democratización de decisiones, amplia y continua socialización de deliberaciones y decisiones sobre asuntos comunes. Gobierno de movimientos sociales es, por tanto, una tensión creativa, dialéctica, productiva y necesaria entre concentración y descentralización de decisiones. Como Gobierno se nos exige concentración rápida y oportuna de la toma de decisiones. La gente espera del Gobierno acciones ejecutivas prontas que den respuestas a sus necesidades materiales. Pero a la vez, como organizaciones sociales indígena-campesinas, obreras y populares en gobierno su dinámica orgánica exige debate, deliberación, reconsideración de temas, de propuestas, ampliación de participantes en torno a esas decisiones.

¿Cómo resolver esta tensión creativa? El año pasado propusimos el concepto de Estado integral como el lugar donde el Estado (el centro de decisiones) comienza a disolverse, en un proceso largo, en la propia sociedad, y donde ésta última comienza a apropiarse, cada vez más, de los procesos de decisión del Estado. A eso denominamos Estado integral, y no cabe duda que constituye la superación dialéctica de esta tensión entre Estado (como máquina que concentra decisiones) y movimiento social (como máquina que desconcentra y democratiza decisiones). Se trata ciertamente de un proceso que no puede ser resuelto a corto plazo y que requerirá un largo proceso histórico, de avances y retrocesos, de desequilibrios que parecieran inclinar la balanza a favor de uno u otro polo, poniendo en riesgo ora la eficacia de gobierno, ora la democratización de las decisiones. Y en realidad, nada está previamente asegurado, y lo que queda hacia el futuro es vivir con esa contradicción, desplegarla en todas sus variantes y potencialidades.

Solo la lucha podrá mantener viva la contradicción durante décadas o siglos para que en un momento dado esta disolución del Estado en la sociedad al fin pueda realizarse como resolución histórica de esta contradicción.

Segunda tensión. Flexibilidad hegemónica frente a firmeza en el núcleo social. Una segunda tensión es la que se da entre la amplitud social del proceso revolucionario (la incorporación creciente de muchos sectores) y la necesidad de garantizar la conducción indígena, campesina, obrera y popular de este proceso. Es una tensión creativa que uno puede visualizar, por ejemplo, entre trabajadores, obreros, asalariados y el sector empresarial.

La forma de resolución de esta tensión es la ampliación, la apertura y la conversión del significado de pueblo a todas y todos los bolivianos —sin excepción— que apuestan por la descolonización, por el Estado Plurinacional, por la igualdad entre los pueblos, la autonomía democrática de las decisiones, el comunitarismo y la industrialización rectora de la economía plural, en fin, que apuestan por el vivir bien.

Pero así como se tiene que apostar a una gran amplitud social que incorpore a amplios sectores —incluso de carácter empresarial, vinculados y de profunda convicción patriótica—, es imprescindible reforzar y garantizar el núcleo duro de la revolución: los pobres, humildes, campesinos, indígenas, obreros, vecinos, que son, en las buenas y en las malas, el núcleo, el baluarte y la garantía de la conducción precisa y justa del proceso.

No hay una receta ni modelo para salir de esta contradicción propia de la construcción de las hegemonías. Sólo el debate, las tensiones, las rectificaciones continuas entre firmeza de liderazgo del núcleo social revolucionario y amplitud hegemónica puede desplegar esta contradicción necesaria, y canalizarla como fuerza impulsora de la dinámica revolucionaria.

Tercera tensión. Intereses generales frente a intereses particulares. Una tercera tensión creativa de nuestro proceso de cambio, y la que con mayor intensidad se ha manifestado desde hace un año, es la que se da entre interés general de toda la sociedad e interés particular de un segmento individual de la sociedad. Contradicción entre lo general y lo particular, entre la lucha común, comunitaria y la búsqueda del interés individual, sectorial, particular y privado.

Esta tensión al interior del bloque social popular, entre lo general que beneficia a todos, y lo particular para unos pocos, es lo que precisamente estamos viviendo desde el año 2010. La victoria de la voluntad universalista del bloque indígena-obrero-popular permitirá la consolidación expansiva y hegemónica del proceso revolucionario. Por el contrario, de triunfar el particularismo corporativista y gremialista en el accionar del pueblo, sería el inicio de un proceso degenerativo de la revolución y el punto de partida para la restauración conservadora del bloque empresarial adversario del pueblo. Esto es lo que no entienden algunos intelectuales arrepentidos que sustituyen la realidad por sus divagaciones conceptuales, que nunca se mancharon en el fragor de las batallas real de la plebe y que ahora, ante las dificultades nuevas e inevitables de esta nueva fase, abandonan el barco al que se adhirieron por moda para regresar al seno de la clase media de la que nunca se desprendieron. Esta tensión entre las demandas universales y las particulares al interior del pueblo estuvieron presentes desde un inicio, y de hecho la revolución es precisamente la constante ‘revolucionarización’ del ser colectivo del pueblo como sujeto fragmentado e individuado, dominado, para auto-constituirse en ser colectivo ‘comunitarizado’, en unificación continua y reiniciada una y otra vez.

Pero, antes, estas tensiones no adquirían el carácter visible y decisivo como para caracterizar la época. Ahora sí sucede ello, y el punto de inicio de esta nueva etapa de la curva de movilización se dio a inicios del año 2010. La resistencia de un grupo de sectores a la nivelación de precios de los carburantes, las movilizaciones de la Cidob, exigiendo beneficios corporativos, las posteriores movilizaciones de maestros, gremios de la salud y otros, son muestras de que algunos sectores, en este período, coyunturalmente, dirigen su lucha hacia la consecución de objetivos particulares, como si se desatendieran del proceso revolucionario.

El gobierno de Evo Morales, en todo momento, está tratando de resolver esta tensión teniendo en cuenta los intereses colectivos, por encima de las miradas salarialistas de algunos dirigentes. En todo caso, es evidente, que esta tensión se irá resolviendo en tanto y en cuanto la revolución democrática y cultural profundice la redistribución de la riqueza.

Cuarta tensión. La industrialización frente al vivir bien. La nacionalización de los recursos naturales no puede completarse y expandirse si no se pasa a una segunda fase, la industrialización.

Durante los años 2006-2009, el Gobierno se lanzó rápidamente a nacionalizar las empresas estatales anteriormente privatizadas. Se nacionalizo el sector hidrocarburífero, Huanuni, Vinto, Entel, Ende. Y a partir del 2010 se inició ésta que consideramos la segunda etapa del proceso nacionalizador, consistente en la industrialización como mecanismo eficiente para generar excedentes.

Pero a la vez, esta fuerza económica de generación de excedentes a ser redistribuidos entre la sociedad entera y ser utilizados para potenciar el valor de uso no capitalista, genera un conjunto de efectos, de daños en la naturaleza, en el medio ambiente, en la tierra, los bosques, los cerros agrediendo a la naturaleza, la madre de toda vida y a la larga afectando terminalmente al propio ser humano.

“Humanizar la naturaleza y naturalizar el ser humano”, proponía Carlos Marx como alternativa al suicidio social y a la destrucción de la naturaleza que impulsa ciegamente la lógica capitalista de la valorización del valor. A eso le llamaba Marx el comunismo, la realización de la lógica total del “valor de uso” de la naturaleza en el ser humano y del ser humano realizado en la naturaleza. En eso consiste el vivir bien: en utilizar la ciencia, la tecnología y la industria para generar riqueza, sino con qué vamos a construir carreteras, levantar postas sanitarias, escuelas, producir alimentos, satisfacer necesidades básicas y crecientes de la sociedad. Pero a la vez necesitamos preservar la estructura fundamental de nuestro entorno natural para nosotros y para las siguientes generaciones que vendrán, que tendrán en la naturaleza la realización de sus infinitas capacidades para satisfacer sus necesidades sociales.

A esta tensión creativa es lo que el Presidente ha llamado el socialismo comunitario del vivir bien, la satisfacción de las necesidades materiales humanas mediante el diálogo vivificante con la naturaleza, preservándola para preservar también el destino y el bienestar común de las futuras generaciones de todos los seres vivos.

Éstas son las tensiones creativas al interior del bloque popular. Se trata de contradicciones propias de un proceso revolucionario que tiene que afrontar problemas, tensiones y luchas nuevas, no previstas, no planificadas con anterioridad porque así son las verdaderas revoluciones. Quienes creen que las revoluciones son una tasa de leche de unanimidad absoluta no saben de lo que hablan, y la revolución es sólo una palabra mal entendida conocida en los libros.

Las revoluciones no tienen un curso predeterminado; si lo tuvieran no serían revoluciones, sino decisiones burocráticas de un poder que ha expropiado el alma al pueblo. Las revoluciones avanzan, se detienen, retroceden, vuelven a avanzar para caerse y volver a avanzar, a veces sin saber bien cuál es el siguiente paso. Ellas inventan a cada rato su itinerario.

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