El CELAC en el ALBA de la Integración real y efectiva

Por Alice Socorro Peña Maldonado

CELACTomar la vía de la integración significa reconocer el punto de partida en la que estamos como espacio geohistórico, social, económico y político en el alba del nuevo milenio que se caracteriza por un reacomodo del sistema mundo y donde la conciencia y acción de los movimientos sociales de base y de los pueblos son determinantes para la construcción de un mundo más solidario y cooperativo en armonía con la madre tierra, dadora de todos los recursos necesarios para el bien vivir. Es junto a este acumulado cultural con sus luces y sombras, con sus aciertos y errores, con sus incertidumbres y complejidades donde un nuevo amanecer se produce a partir de los encuentros y desencuentros entre los diversos países y ciudadanos que la conformamos.

No se trata de atomizar voluntades ni acciones sino de reconocernos con nuestras propias potencialidades y emergencias para producir, resolver y transformar desde lo que somos y tenemos haciendo un inventario de las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas como ciudadanos, como naciones, como pueblos y como un todo integrado para asumir los retos y desafíos que comporta este momento histórico que nos lleva a un cambio de época.

Este nuevo despertar de la conciencia colectiva en el mundo de la vida y en los que dinamizan los sistemas y estructuras  (seres humanos e instituciones públicas y privadas) desde su poder fundante o constituyente y poder formante o constituido deben crear sinergias y construir espacios para el diálogo, para la crítica, para la creatividad e innovación que permitan superar los modelos que aún persisten y vienen generando la crisis no sólo de América Latina sino a nivel mundial. La toma de decisiones a partir de la reflexión profunda y concienciación de hombres y mujeres que pronuncien su sus voces y miradas debe ser el camino. Somos los ciudadanos y los pueblos los que debemos sopesar los pro y los contra de las decisiones tomadas por el CELAC compuesto por 33 países, representando un estimado de 600 millones de habitantes. Para ello hay que crear mecanismos y espacios que hagan posible la participación protagónica y corresponsable ciudadana, comunitaria, colectiva, nacional y regional desde las temáticas que se discuten.

Si bien entre los principios de la CELAC tenemos la solidaridad, la flexibilidad, gradualidad, pluralidad, diversidad y complementariedad de acciones, ella debemos remitirnos a dos aspectos fundamentales y antagónicos a la que debe dar cuenta su accionar: los pueblos originarios y sus propuestas del buen vivir y la pobreza que persiste, aún cuando se ha reducido significativamente la misma en los países donde ha habido voluntad y conciencia política. La primera (el buen vivir) es la solución a la segunda (pobreza). Entendiendo la flexibilidad en las propuestas para dar respuesta a los problemas económicos no es evidente planteamientos firmes y radicales por parte de muchos líderes que representan estas naciones Se mantiene las soluciones del régimen capitalista y neoliberal que afecta a los seres humanos y a la madre tierra y solo beneficia a las élites de cada país.

No se trata de desvincularse de la realidad del mercado mundial pero si de generar reflexiones y acciones tendientes a buscar alternativas que producidas por nosotros representen innovaciones válidas, coherentes y revolucionarias que contribuya incluso a otras regiones del mundo donde persisten situaciones y problemas comunes. Para ello se necesita a mi entender promover y favorecer una cultura latinoamericana orientada a lo identitario con un sentido de lo nuestro para hacer de nuestra región un ejemplo de convivencia, de justicia y soberanía real y efectiva.

Hago votos para que la II cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños a celebrarse en La Habana, Cuba, los días 28 y 29 de este mes independientemente del tema de la agenda que se va a desarrollar “Puerto Rico, la isla caribeña con estatuto Libre Asociado de Estados Unidos” se logren acuerdos cooperativos para afianzar nuestra cultura originaria desde el buen vivir donde cada país buscará poner en práctica los principios, valores y acciones de nuestros pueblos ancestrales en todos los ámbitos de la vida nacional y en especial en las instituciones públicas.

Desde un sencillo ejercicio de mirar la realidad de NuestraAmerica y permitir que la propuesta del Buen Vivir cuestione mis percepciones presento a continuaciones unas interrogantes: ¿ante la violencia desenfrenada propiciada por la venta de armamentos y el narcotráfico resulta válido y urgente “priorizar la vida”? Ante la necesidad del diálogo y la concienciación sería importante diseñar programas educativos para “saber comunicarse” y “llegar a acuerdos en consenso” los pueblos y las instituciones? ¿Pese a las raíces originarias que nos hacen semejantes es necesario “respetar y aceptar las diferencias” históricas para superar nuestros problemas comunes? ¿”Vivir en complementariedad” no exige de parte de todos desarrollar productos y servicios para llevarla a un mercado común sin afectar a los pueblos con menos ventajas competitivas y comparativas? ¿Crear nuevas formas de empleo no alienante ni explotador y producir para todos debemos hacerlo desde el “saber trabajar en reciprocidad” y “respetando la naturaleza”?

¿“Defender la identidad” no comporta una tarea de todos y que contribuye a la unidad de nuestros pueblos? ¿Defender la soberanía y la cultura no comienza por cuidar la salud de nuestros ciudadanos y consumidores lo cual comporta un proceso educativo para “saber comer” y “saber beber”. Y para ello ¿debemos “reincorporar la agricultura” a las comunidades y “proteger las semillas” que eviten el uso de transgénicos y con químicos que dañan y acaban con semillas milenarias?

¿“El no robar” y “el no mentir” no resultan mandatos para quienes ostentan el poder político y económico de nuestros países? ¿Y de quienes establecen y ejecutan planes, proyectos y programas, servicios y productos tanto del sector público y privado para lograr el bienestar y confianza de todos desde el gobernar obedeciendo?

La reflexión de estos y otros mandatos originarios deben tener eco en los debates que se dan en el CELAC para que se deriven en respuestas y acciones oportunas. Lo que elevaría los contenidos de la agenda que no debe perderse en lo estrictamente económica y política sino asumir lo social y lo cultural como prioridad para la lucha desde las bases y desde los pueblos, pues allí está nuestra auténtica riqueza. De hacerlo así el CELAC resplandecería con luz propia para seguir dando impulso al ALBA de los pueblos y “volver al Abya Laya que fuimos” y que vivíamos como una gran familia.

http://www.aporrea.org/internacionales/a180420.html

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