Por Alice Socorro Peña Maldonado

Para comprender la realidad internacional desde las soberanías de los Estados y autodeterminación de los pueblos es necesario hacer una aproximación a diversos estadios del conocimiento que permita reconocer las relaciones dadas en la comunidad internacional y en la sociedad de Estados/naciones.

La sociedad internacional (ONU) nace de los vencedores de la segunda guerra mundial y son ellos quienes pusieron las nuevas reglas de juego. Imponiendo el mundo unipolar comandado por los EEUU, quien convirtió a Europa en un territorio obediente y dividido, con una deuda para décadas. Posteriormente la élite que se fue desarrollando en un núcleo monopólico del Orden capitalista neoliberal se establecieron en forma global a través de la globalización del mercado de bienes y servicios del norte occidental para homogeneizar los gustos y deseos de los pueblos. Una nueva colonialidad mercantilista sin límites de fronteras que junto con sus propios medios tecnológicos de difusión alimenta un nuevo vasallaje.

Por “sistema mundo” se entiende, la teoría que trata de explicar las interrelaciones e interacciones dadas “con el avance del capitalismo mundial, como fuerzas determinantes entre los diferentes países, incluyendo los pequeños”. Para Immanuel Wallerstein, quien desarrollo esta teria, considera “que este sistema mundo moderno sea una instancia de progreso moral sustancial y a creer que es más probablemente una instancia de regresión moral”. Interrelaciones e interacciones que se objetivizan en formas dialécticas, antagónicas y contradictorias donde los Estado/naciones ocupan un lugar, mientras los pueblos son invisibilizados.

El sistema mundo capitalista como orden económico, político y social nace en Inglaterra y se consolida en los EEUU, nace de una perversa relación entre los países del centro (los auto-llamados desarrollados), los países de la periferia (los señalados como sub-desarrollados) y los de la semiperiferia (los calificados como del tercer mundo). Relación que se desarrolla en forma antagónica frente al despojo, robo y saqueo de los recursos bioenergéticos que hacen a los pueblos/naciones con la pretensión de mejoras de su vida a largo plazo. Para ello han utilizado todo tipo de argucia no sólo haciendo promesas, sino seduciéndolos para entrar en su propio juego, desnergetizándolos y degradándolos a sus fines.

Esta relación antagónica se realiza a partir del intercambio de bienes y servicios económicos, tecnológicos, mediáticos, comerciales y culturales donde se degenera en unas relaciones internas entre aliados y/o socios cómplices de esos grupos (países, estados, trasnacionales, entre otros) que buscan imponer los intereses de las élites. Y los pueblos y ciudadanos que son afectados en sus necesidades reales y sentidas. Además afectan la producción y distribución de bienes materiales e inmateriales en condiciones desiguales e injustas.

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Mientras algunas se alienan a los intereses foráneos, otros se alinean para producir conciencia y acción política a favor de sus intereses y expectativas propias como pueblo/nación soberano. Para alcanzar este estado de las cosas, estos países centrales y sus trasnacionales han desarrollado no solo legislación favorable a sus propósitos, sino nuevos instrumentos, estrategias y métodos de guerra que aunado al silencio cómplice de los organismos mundiales de la comunidad internacional hace imperar la violencia y el terrorismo en todas sus formas.

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Lo cierto es que existe una comunidad internacional que ha creado e impuesto su propio derecho en el ámbito comercial, financiero y bancario desde allí todos los países no tienen otra obligación que obedecer y someterse a sus dictámenes si quiere sobrevivir. De lo contrario, el país o los países que no aceptan sumisamente estas pretensiones debe asumir su propia lucha para revertir el orden o por lo menos para dar cuenta de los límites, abusos y deshumanización que impone a todos en nombre de la libertad del mercado no sin antes alienar las conciencias y esclavizar los humanos. Dominio, control, explotación, opresión, alienación y supremacía son sus formas y maneras de actuar para que los pueblos no tengan o vean otra opción que dejarse oprimir.

Los tres principios de la  Revolución Francesa, “libertad, igualdad y fraternidad”,  el capitalismo lo ha convertido en libertad del mercado, la igualdad de los que tienen capital y la fraternidad de las élites globales para hacer de este mundo su gran negocio con el apoyo de sus aliados locales. Y para ello han querido homogeneizarnos en sus intereses y no han respetado las culturales en su diversidad identitaria y originaria. Ha privado una relación asimétrica. Se convirtieron en reguladores de las sociedades y los pueblos, administradores de la vida de la tierra y sus riquezas y policías vigilantes de la humanidad por ser diferente y no ajustarse a sus intenciones y geopolítica de conocimientos, a sus deseos de convertir la tierra en una mina nuclear a punto de explotar. Miedo, mentiras, depresión, ansiedad, culpa, odio, rabia, corrupción, ilusiones y vergüenzas han querido inocular en los países pobres para que elijan el camino de la violencia y estas élites proveerles de armas para que se aniquilen solos, y luego los que quedan vivos tranzar con ellos.

Paz y alianzas son sus argumentos para que los pueblos se sometan finalmente a su receta imperial. Lo que les ha hecho ganar territorios con sus riquezas tanto en tiempo de guerra como en paz. O en las crisis que inventa para despojar soberanía por medio de deudas impagables a cambio de tierras. Otro modo es expropiando saberes y conocimiento ancestral o robando ideas, inventos y patentándolos en los centros del norte. No bastándoles se han apropiado a través de los  “regímenes jurídicos” de las “Capitulaciones”, de las “Concesiones” y los “Protectorados” disminuyendo el poder de los Estados y hasta la expropiación de bienes a otros países por razones de seguridad nacional. Lo ultimo es creando un derecho para evitar y frenar las rebeldías e insurgencias legitima de los pueblos en búsqueda de su autodeterminación.

La composición de una superestructura global condiciona la lucha de los pueblos por liberarse de la opresión del poder hegemónico. Las relaciones de producción y fuerzas productivas, potenciadas por sucesivas revoluciones científicos-tecnológicas, apreciadas en la escala y efectos globales. En cuanto a los actores políticos internacionales se pondera solo aquellos que tienen el poder mediático a su favor y se les niega a los ciudadanos y pueblos de establecer un diálogo, un encuentro de miradas, por lo menos.

La Sociedad Internacional actúa bajo la forma de dictadura mundial como monarquía medieval, adueñándose de las mejores tierras donde se encuentra oro verde (tierras fértiles, bosques y selvas); oro azul (aguas dulces) oro amarillo (oro y minerales como coltán), oro negro (petróleo y derivados) y oro blanco (cocaína).  Para conseguirlo pasan por la desinformaqcimanipulación mediática.

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La preexistencia de grupos y oligarquías locales en connivencia con la élite global impiden para que los pueblos alcancen su emancipación y autodeterminación a partir de un conciencia y acción política. Cuando un pueblo comienza a despertar al entender la situación opresora y la imposición de los intereses de grupos y de las trasnacionales inicia un proceso de concienciación para tomar el poder político, al lograrlo comienza la batalla interna entre el poder.

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Frente a la dictadura global vigente exige como contraparte un liderazgo compartido proveniente de los países del sur para incidir en una sociedad internacional multipolar y pluripolar. Debido a los movimientos de grupos en forma de migraciones, desplazamientos internos, invasión silenciosa como estrategias aupadas por el capitalismo para generar e impedir que los países logren sus equilibrios, así como la saturación de información como medio ideológico y publicitario para retardar o impedir procesos individuales y colectivos de conciencia de intereses a favor de todos es urgente favorecer medios alternativos que permitan la integración, la coordinación, la unión, la organización y la producción cultural de los pueblos desde su riqueza cultural y desde sus saberes y prácticas socio-políticas.

 

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