Por María Del Mar Rengifo

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Iba caminando, recordando cuando era estudiante y vi a un compañero de clase de regreso a su casa, se llama Ricardo. Nos saludamos, hablamos un rato luego siguió su camino. Yo seguía pensando en los planes que tenía para el fin de semana: compartir con mis amigos y a su vez  con mi familia, pero recordé que tenía muchas tareas por hacer, así que me encogí los hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de vecinos amigos, reunidos hablando sobre la delincuencia desatada, pues a uno de ellos le habían robado los cauchos de su carro. Rápidamente recordé una de mis tareas, le cuento a mi vecina voy hacer una tarea sobre industrias y estoy pensando en la gran industria armamentista se sorprendió me dijo ese tema es muy extenso, dije, si, ¡tienes razón!

Pero te contare, eso de las guerras es un invento para mover el negocio de las armas, un negocio millonario y en dólares en todo el mundo y sobre todo en países que dicen estar en “guerras” tú sabes que existen alrededor de cincuenta países con este negocio y los países miembros de la ONU, como EEUU, Rusia, China, Francia, son los principales exportadores de armas, sabias que se producen anualmente entre 700.000 y 900.000 armas pequeñas.

Sorprendida me responde, es lamentable el mundo donde están creciendo nuestros hijos, mi repuesta fue igual pienso yo. Pero lamentablemente estas empresas de armamentos tienen lazos con el ámbito político, entonces quien ¡ayuda a quien!  A pesar que se hacen esfuerzos enormes  por contrarrestar este drama de la humanidad es muy difícil de rastrear y lo triste es las víctimas.

Parece que no importara el reducir los arsenales ilegales de armas  que se han ido acumulando en manos de la ciudadanía  y de delincuentes como resultado de políticas públicas irresponsables, mi vecina catherina me dice con su cara triste si, falta un verdadero desarme en la población y sobre todo aquí en Venezuela para que haya una reducción y que las destruyan de verdad.

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