Por Alice Socorro Peña Maldonado

“El combate nunca se detiene, es el verdadero estilo de vida de todas las culturas” (Bautman, La cultura como praxis)

Hace como 12 años un profesor universitario me aseveró que no existe la verdad ante mi empeño expresado que nosotros como seres humanos somos buscadores de la verdad. Para reafirmar su postura epistemológica me recordó algunos teóricos que “demuestran” fehacientemente que la verdad no existe. Me llamó la atención que se trataba de pensadores producido por las ciencias modernas, quienes sin querer muchas veces, su sistema le reafirmó ese postulado que esconde intereses geopolíticos de gran envergadura y que nuestros investigadores convertidos en agentes del sistema venden y promocionan como acólitos de estas verdaderas impuestas como dogmas de fe en sus productos académicos. Objetar no es posible por lo que permanecer callados y aceptar pasivamente es la norma establecida. Por lo que mirar hacia nuestras propias realidades ya no sería necesario pues la verdad está dicha. Y si nuestra realidad es explicada con sus teóricos y sus miradas bastarían de nuestra parte un amén confesional.

Cuando la ciencia nos convenció que era necesario desligarnos de formas de conocimientos que no fuesen medidas de modo cuantitativo y demostrable para la mirada de un investigador da por sentado la inexistencia de todo saber no demostrable objetivamente. Abrogarse ese derecho de decisión de lo que es verdad o no, restaría a todo y a todos, la posibilidad de confrontar su propia verdad reafirmada hoy con teorías y falsos supuestos como producto de interpretaciones reducidas a su propio interés o realidad cognitiva. Además de negarnos a sentipensar como lo hacemos en la cotidianidad desde nuestros afanes, anhelos y luchas, desde nuestras necesidades reales e intereses como pueblos e individuos con concepciones y visiones distintas de la vida, con principios y valores basados en la paz y el bien común.

Esta postura ideológica aún presente ha ocasionado una ceguera que sigue generando errores en todos los sentidos. No olvidemos que si es verdad que no existe la verdad entonces ¿Qué sentido tendría la capacidad de pensar, de reflexionar, de soñar, de anhelar? ¿Ya todo está dicho? ¿Qué intereses se ocultan detrás de esta negación “que no existe la verdad” Para mi entender cada generación en su continuidad histórica está llamada a buscar la verdad. El ser humano de modo individual, comunitario y colectivo está convocado a construir desde la verdad desde el debate, desde el dialogo y la participación. De lo contrario, sería permitir a la mentira (que puede ser la conveniencia de otro) definir nuestro mundo de la vida, los sentidos y fines en forma inequívocas de la verdad que emana de nuestra libertad para decidir desde el bien como valor humano y su necesaria utilidad para todos.

Imponer una sola mirada es quitarnos la oportunidad de construir bases sólidas de los que podemos hacer y realizar.

Si el ser humano en todas sus culturas y en la historia que le ha correspondido vivir ha dejado un reservorio de sus creencias, de sus aciertos, de sus cuidados, de sus intuiciones respecto a sí mismo, no podemos pretender negarlos, asumiendo que sabemos más que esas culturas antiguas y originarias y que cada pueblo en su riqueza cultural tienen en su haber.

Si la forma de interpretar la realidad va a depender de situaciones geohistóricas concretas y bajo condiciones determinadas, las élites de poder mundial en connivencia con los hacedores de teorías no pueden asumir la aplicación de sus miradas a otras realidades, en la búsqueda de control de territorios y la domesticación de la mente para su dominación y uso. Y menos con la connivencia de los acólitos políticos socavar los fundamentos culturales de los pueblos.

Cada persona, cada comunidad, cada nación es única en su historia y no puede equivocarse al compararse con otras. Hacerlo es no entenderse en sus decisiones y permitirles a otros ser dibujado en arquitecturas que no son propias.

Hoy hablar de la verdad resulta la herejía más grande que los sistemas ideológicos tiemblan porque simplemente fueron erigidos sobre medias verdades y medias mentiras para poder controlar la conciencia humana y empobrecerla hasta esclavizarla.

“La verdad también es un punto fijo, como la columna vertebral: no un punto de llegada (el punto final de un proceso de aprendizaje), sino el punto de partida de todo conocimiento, un punto que no se puede crear, sino sólo descubrir, recuperar si se ha perdido o ausentado, «un punto único, éste de aquí, no otro, el punto desde el cual todo se nos muestra en sus proporciones adecuadas” (Bauman, 1999).

Y la verdad esencial ha sido invisibilizada por factores de poder económico y financieros interesados para así dominar con la mentira.

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Nos ocultaron que la humanidad es buena por naturaleza

“La verdad os hará libres” Jesús de Nazaret (Jn, 8, 32)

Cuando observo a los seres humanos (niños, jóvenes, adultos y ancianos) encuentro en sus miradas, en sus voces, en sus anhelos dos sentipensamientos: la bondad y la felicidad como forma que los constituye y los anima a emprender de nuevo el camino para hacer historia y que entrelazadas con otras historias crear espacios de convivencia, de respeto, de valoración, de reconocimiento de los regalos que la misma naturaleza nos ha provisto para llevarlo a su máxima realización.

¿Bondad y Felicidad? Sí todos los seres humanos estamos constituidos en esa fuerza que concéntrica (somos buenos por esencia) y expansiva (somos creadores y productores natos de la felicidad) nos hace y nos renueva permanentemente en humanos con toda la vitalidad. Fuerza y energía que provienen de la fuente del Amor. No ejercer ese derecho natural de ser buenos y de ser felices, abre una compuerta al no ser, al diseño de la mentira, en búsqueda de atajos que tarde o temprano su costo es la amargura de propios y extraños.

No abrirnos a lo que somos por esencia es vanagloriarnos en la ilusión de la vía fácil, rápida y cómoda y que las sociedades conocen como el odio como forma de poder subestimarnos y subestimar a otros; como la culpabilidad para responsabilizar a otros de aquellos errores cuando nos hemos alejado o negado el amor y la venganza como manera de reclamar y exigir frente a la desidia e ignorancia que otros causaron el mal en nuestras vidas.

Se apuesta por una humanidad que no haga memoria de su bondad y se afinque en lo destructivo, que se olvide de su génesis sociocultural, que se pierda en los laberintos para negar incluso la posibilidad de retomar de nuevo el camino hacia su esencia.

Según Simmel, nuestro propio tiempo -moderno- está marcado por una especial inquietud de las fuerzas vitales: «El Impulso básico que se halla detrás de la cultura contemporánea es de naturaleza negativa, y ello se debe a que, a diferencia de los hombres de épocas anteriores, ya llevamos cierto tiempo viviendo sin compartir ideal alguno, tal vez incluso sin ningún ideal en absoluto».” (Bautman, p.32)

Vivimos un momento crucial de nuestra historia que necesitamos superar con el conocimiento y saber verdadero que está depositado en las fuentes originarias, que nos permite recuperar la conciencia de lo que somos en esencia para actuar en conformidad.

Para recuperar la conciencia de nosotros mismos como sujetos históricos y con el potencial en que hemos sido creados  verdaderamente por el Amor tenemos que volver la mirada hacia nosotros, recordar  nuestros anhelos profundos del corazón (y no desde los deseos que vienen de fuera, del sistema que económico nos ideologiza para hacernos consumidores de sus mentiras y que en su afán de tomar el mundo político se ha apropiado de espacios culturales para mostrarse benévolo y salvador pero para ello nos hace primero mendigos, víctimas y miserables) que nos regenera en nuestra bondad como tierra húmeda capaz de sembrar y cosechar los frutos de sus mejores simientes, de nuestra felicidad posible, necesaria y útil como bien último que somos capaces para proveernos nosotros mismos del bienestar y el buen vivir para todos.

Ya no podemos nosotros mentirnos ni dejar que otros nos mientan. La verdad nos consagra en la verdadera libertad que puede aspirar la humanidad y es desde el Sur donde tenemos que levantar no solo nuestra voz sino el Alma de la Humanidad para recordarnos que tenemos que retomar el camino de la bondad. Debemos deslastrarnos de la visión caótica que nos quieren imponer en forma de verdad y que no es más que el discurso de la muerte, de la violencia y del odio y que no es más que para justificar el miedo como forma de mantenernos esclavos unos de otros. Miedo que no es más que el reflejo y expresión de élites (Caín) que no se perdonan su mal proceder en el mundo cuando genocidas e ignorantes creyeron que con matar a otros (Abel) negaban la existencia del Bien, de la Verdad y la Vida y por tanto, querían y quieren hacer del mundo la negación del Amor para dominarnos a su antojo y para absorber nuestra fuerza y energía creadora en función de sus mezquinos intereses y así arrojarnos con ellos al rincón de la muerte en que han decidido apoltronarse como zona de confort.

No será la pretensión del odio el que prevalecerá. Nosotros los que decidimos humanizarnos desde el amor expresado en la bondad y en felicidad diremos la última palabra de la Historia sobre la humanidad: que somos amorosos y verdaderos y quienes así lo niegue demuestra su conveniencia por alejarse de lo que nos une: el Amor. Vale preguntarse, ¿qué poderes fácticos de este mundo les interesa que la humanidad este dividida, fragmentada y hundida en la negación del ser?  ¿No es acaso ese interés el negocio del sistema económico y financiero actual?

Si es verdad que la bondad y la felicidad nos constituyen ¿cómo usted busca la realización de la bondad y la felicidad en su cotidianidad? ¿Están presentes el bien común y el buen vivir no solo de los suyos sino de los otros? Si la respuesta es afirmativa. Somos de los que no creímos en la mentira. Si su respuesta en negativa: Es el momento de la decisión que nos hace hombres y mujeres conscientes de nuestra bondad y la posibilidad de producir felicidad para “nosotros”. Y juntos podemos entender que la sabiduría está en elegir lo que nos conviene a todos por la belleza que caracteriza el bien como producto concreto de la bondad.

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